Agronegocios híbridos

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lolecampo.jpg El primer mandamiento de la comunicación social, al menos para algunos, dice que "el medio es el mensaje".

Tomado así, lo de las "cacerolas" ya no significan lo que en su momento, ya no son un mensaje.

El problema de la maravillosa idea mediológica de Marshall Mcluhan es que la fórmula el medio es el mensaje funciona hoy sólo cuando nos sorprende y la verdad es que a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires ya no nos sorprendemos por nada.

El medio es el mensaje ya nada nos agrega, ya nada nos informa, sino de alguna alarma por prender, de cierta desconfianza que tenemos que tener prendida.

Estos días de cacerolazos y cadenas de emails lo demuestran, porque a nadie le interesa que sean cacerolas, sartenes o remeras.

Lo que en realidad estas manifestaciones ponen a flote es quienes son susceptibles y quienes resistentes a marchar en una u otra dirección y no que nos creamos en la fuerza del viejo cacerolazo.

Es que como en una especie de de test psicológico la ciudad y el país mismo se colorean otra vez de azul o colorado, de morenistas o saavedristas, de federales o unitarios, de gorilas o peronistas: todos modos que ocultan la ausencia de pensamiento, de reflexión, de entendimiento del problema.

Quizás mucho se puede ocultar o encandilar con esta crisis que vivimos en la Argentina, entre un gobierno que no tiene potencia para aumentar los impuestos y un sector productivo que tampoco tiene la fuerza suficiente como para negársele y voltearlo, como hizo en otros tiempos.

Lo que sí podemos afirmar es que hay fenómenos de amplificación y escalada memética: que allá murió un hombre por una ambulancia retrasada en un piquete, que un grupo de camioneros se plegó a los productores, que las carpas son para los dueños de los campos y el solcito para los peones, que la lucha es por las generaciones futuras, que la presidenta es una mentirosa.... todo el magma comunicado es convertido en un líquido que se difunde como un corrosivo para la des-argumentación del problema, que impide que se pueda pensar que cornos está pasando en este culo del mundo.

Es que en Argentina, la capital mundial de la comunicación entendida como viveza criolla, lo comunicado funciona como obstáculo para no retomar las raíces históricas de los conflicto, para no ver desde donde viene todo este amasijo de insultos y golpes bajos y hacia donde nos lleva toda esta parefernalia.

El medio es el mensaje? Si, pero dejen de joder con esas cacerolas, que ya sabemos el truco.

Por otro lado quedémonos tranquilos: una cosa es segura y es que los más débiles pagarán otra vez el pato.

Hoy lo decía América, una de las radios reclutadas por la oposición: "nos molesta que nosotros, que somos minoría numérica, pero controlamos el PBI, tengamos que aguantarnos en el gobierno a alguien elegido por las mayorías numéricas que ganan 10 veces menos que nosotros. ¡Pero aguantemos hasta el 2009!"

No se si será así, tiendo a pensar que no, pero alguna tela se puede sacar de esas palabras.

Por suerte estos días pude terminar de leer otra biografía de Juan Manuel de Rosas, esta vez la de John Lynch, cosa que recomiendo a cualquiera que quiera entender como funcionan hoy los agronegocios en la Argentina y porqué el apellido Anchorena se escucha tanto estos días.

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