Ya hay pacientes psiquiátricos que se tratan para revertir su dependencia a Internet y recobrar su vida
Hace dos años y medio, Marcos Estévez conoció las bondades de Internet. Y lo
dejó todo por ella. Del uso pasó, en poco tiempo, al abuso del ciberespacio y de
allí a tener una inmanejable necesidad por estar conectado a la Red. Poco le
importaba, entonces, lo que pasaba en su vida real; sólo lo virtual era una
realidad para él.
Marcos tiene 33 años, es vendedor y ese trabajo le
allanó el camino para internarse en las salas de chat. "Le decía a mi mujer que
me iba a vender algo y no bien pisaba la calle me iba a un cibercafé, donde me
quedaba cinco, seis y hasta siete horas.
"Cuando llegaba a casa,
supuestamente de trabajar, esperaba a que la familia se durmiera, para que no me
vieran, y me volvía a conectar por cuatro o cinco horas más", recordó.
Los reclamos de su mujer y de sus dos hijos no tardaron en llegar.
Pasaba más tiempo frente a la computadora que con su familia. Lo que ellos no
sabían era que los ingresos habían disminuido y que Marcos había dejado de pagar
sus cuentas para saldar deudas con cibercafés y estar al día con las conexiones
de Internet.
Es que cuanto más chateaba, menos trabajaba. La Red lo
atrapó de tal manera que le mentía a su mujer, adelgazó 20 kilos en un año, tuvo
que pedir una beca en el colegio de su hija y se escondía para conectarse,
mientras las peleas familiares aumentaban y las horas de sueño disminuían en
forma drástica.
Llegó un punto en el que el hombre prácticamente no
dormía, no comía ni trabajaba: "Cada vez tenía menos plata y más problemas.
Hasta que me di cuenta de que no podía seguir así y tuve que iniciar un
tratamiento. Por suerte ya estoy mejor y sólo uso Internet para trabajar, aunque
tengo que tener cuidado de no caer en lo mismo", explicó a La Nación .
El de Marcos, cuyo verdadero apellido no es Estévez, no es el único caso
de un problema que en la Argentina apenas comienza a asomar, pero que en los
Estados Unidos ya está bien definido y es tratado desde hace unos cinco años: el
de las ciberadicciones.
Punta de un iceberg
Lucas
Kietkik es el psiquiatra que trata a Marcos y uno de los pioneros en este tema.
Hace tres años creó el Centro de Investigación y Tratamiento de las
Ciberadicciones (Citca).
El especialista considera que entre el tres y
el seis por ciento de los usuarios de la Red desarrolla algún de tipo de
desorden de adicción a Internet (IAD, en inglés).
"Se calcula que en
nuestro país hay un millón de internautas y que 60.000 son ciberadictos. En el
mundo hay 250 millones de usuarios y se estima que unos 15 millones son
adictos", aseguró Kietkik.
¿Cuándo se considera que una persona puede
tener una enfermedad? Si bien no se deben tomar los criterios con tanta rigidez,
se estima que hay una adicción cuando se pasa 40 o más horas por semana en
Internet durante, al menos, un período de 12 meses. Se habla de abuso cuando el
tiempo varía entre 20 y 40 horas por semana, y de uso normal cuando ese lapso es
menor a 20 horas.
"Por supuesto que aquí interviene una variable de
contenidos, porque el que se pasa mucho tiempo en la Red por cuestiones
laborales, por ejemplo, no es enfermo", aclaró el psiquiatra.
La
ciberadicción está relacionada con un uso inadecuado de la Red e incluye una
gran variedad de conductas y problemas de control de los impulsos en la relación
hombre-máquina.
Sintomatología
Kietkik describe
cinco tipos de adicción a la Red: al cibersexo, con dos subtipos
(ciberpornografía y chat erótico); la adicción a priorizar a los amigos del chat
por sobre los de la vida real; la ciberludopatía, o sea a las compras, a los
casinos virtuales o a los juegos interactivos, entre otros; la "infoxicación",
que se produce cuando se recibe más información de la que se puede procesar, y
la adicción a la computadora, que se da con juegos especialmente diseñados para
desarrollar conductas adictivas.
Un ciberadicto presenta ciertos
síntomas, de acuerdo con el psiquiatra norteamericano Iván Goldberg, uno de los
primeros, en 1995, en describir el IAD. Cambios drásticos en los hábitos de
vida, disminución generalizada de la actividad física, privación o cambios en
los patrones de sueño, rechazar actividades fuera de la navegación y negligencia
respecto del trabajo y las obligaciones personales. Todo con el fin de tener más
tiempo para conectarse.
Kimberly Young, fundadora del Centro contra la
Adicción a Internet, de Pittsburgh, Estados Unidos, coloca a la ciberadicción en
la misma categoría que las adicciones al alcohol, a la nicotina, a las drogas o
al juego.
Las consecuencias son muy parecidas a las del alcoholismo:
"Hay un deterioro de los vínculos en general, y de la familia en especial, y se
puede llegar hasta abandonar los estudios o perder el trabajo", dijo el
psiquiatra. De hecho, es raro que alguien consulte por una adicción a Internet.
En un principio, el caso se presenta como una crisis de pareja o matrimonial o
como "problemas de trabajo o de estudio".
Abandonan las tareas
"Es muy común que la mujer llegue al consultorio diciendo que su
marido chatea hasta las cinco de la mañana y abandona a su familia o no cumple
con sus responsabilidades.
"También -continuó- hay madres que se quejan
de que los chicos dejan la facultad, no rinden en la secundaria o no hacen nada
por pasarse todo el día frente a la computadora."
Los enfermos no
reconocen la adicción, pero sí los síntomas. Saben, detalló Kietkik, que así no
pueden seguir, pero tampoco pueden evitarlo. Y, en estos casos, el no uso de
Internet también produce síndrome de abstinencia.
"Hay agitación y a
veces temblores y, por sobre todo, una necesidad inmanejable de conectarse",
explicó.
Lo que aún no se sabe a ciencia cierta es si, como en el caso
de los alcohólicos que no pueden volver a tomar, los adictos a Internet corren
peligro de caer nuevamente en la enfermedad si hacen un uso racional de la Red.
Marta García Terán
De la Redacción de La Nación
| Miembro IAB.Internet Advertising Bureau |